DE LA EMOCIONALIDAD A LA DANZA TEATRO DE PINA BAUSCH
“No me interesa cómo se mueve el ser humano,
sino aquello que lo conmueve.”
Pina Bausch.
En el presente ensayo se expondrán algunos aspectos de la obra de la reconocida artista Phillipine Bausch (1940- 2009), conocida como Pina, creadora del género danza teatro en Alemania y quien se convertiría posteriormente un importante referente de la danza contemporánea a nivel mundial. Para ello se tomará como referente el film documental “Pina” (2011) del director Wim Wenders entre otros referentes teóricos que se expondrán en el desarrollo del trabajo.
Inicialmente, Pina se forma con Kurt Jooss en Alemania, pasa una temporada en la Juilliard School de Nueva York, vuelve a su país y comienza a trabajar en el Tanztheater de Wuppertal, que dirige desde 1973. Es allí, donde comienza a trabajar arduamente hasta convertirse en precursora de la danza teatro. Pina Bausch, se caracterizó por ser una incansable investigadora y creadora, una mujer transgresora que fue testigo de una época desgarrada, donde la devastación y la caída de los cimientos sociales, le sirvió de incentivo para reinventar el movimiento originario de la danza, reducida a un estancamiento progresivo en una época crítica. Pina es impulsada por un interés particular por resignificar los cánones del “cuerpo ideal” para mostrar una realidad heterogénea en la que el movimiento adquiere un gran poder trasgresor.
Gracias a Pina, la danza contemporánea encontró un nuevo camino hacia lo abstracto y lo expresionista, ampliando sus fronteras para convertirse en una una nueva manifestación de los procesos de hibridación propios de la sensibilidad postmoderna. Esto conlleva a traspasar los límites entre las artes plásticas, la danza, la música, el teatro y literatura, el espectro se amplía, re-elaborando las narrativas corporales desde sus orígenes.
En referencia al teatro alemán del siglo XX y específicamente a los expresionistas, explica Ilse Brugger que:
“El expresionismo, según dice el vocablo, tiende a dar expresión a cuanto perturba y conmueve el fuero íntimo del hombre. A diferencia de la observación exacta de la realidad como la pregonaba el naturalismo y de la pasiva receptividad frente a los fenómenos de la vida, típica de los impresionistas, la generación posterior decidió intervenir activamente en la discusión de los hechos (…) postulando el nacimiento de un hombre nuevo”. (Brugger, 1961)
Para ampliar el espectro del expresionismo, Adolfo Vásquez Rocca explica:
“La danza expresionista, también llamada danza abstracta, nace en el contexto de la agitación de las grandes vanguardias europeas de comienzos del siglo XX. La danza tradicional, vinculada al ballet clásico, fue transformada mediante una nueva estética de movimiento corporal donde no impera ya el valor de la métrica, el ritmo, los saltos y pasos previamente establecidos. En la danza expresionista se recupera el movimiento libre, una interacción más dinámica con el espacio, y la posibilidad de la autoexpresión corporal”. (Rocca)
Tomando como referencia el campo literario, los escritores expresionistas plasmaron la realidad desde su punto de vista interior, expresando sus sentimientos y emociones. Así mismo, la nueva danza alemana representará la búsqueda de la esencia de las cosas a través del cuerpo. En este sentido se les llamó neoexpresionistas a quienes se formaron en la Folkwangschüle de Essen por el maestro de la danza expresionista Kurt Jooss. Esta búsqueda interior del individuo es el rasgo primordial del trabajo de Pina, la cual, ante la pregunta por el fundamento de sus obras y habiendo aclarado que este fluye del interior hacia el exterior, dice:
“Hago centenares de preguntas a mis bailarines, y ellos responden y me muestran cosas. Siempre se comienza con preguntas. Cada uno reflexiona y responde. (…) Al principio no existe nada, solo respuestas, frases y pequeñas escenas y queda todo fragmentado. Luego empiezo a relacionar una cosa que me ha parecido buena con otra (…) muchas pequeñas se convierten poco a poco en algo más grande”. (Falcoff, 2007).
Por otra parte, es pertinente retomar el concepto de “ballet postmoderno”, como uno de los elementos de los que se sirve Pina para la creación y montaje de sus obras. Este concepto aparece en los círculos especializados a fines de los años setenta y como lo expresa Adolfo Vásquez Rocca:
“…se refiere a un conjunto de rupturas estético-expresivas, entre las que se cuentan —entre otras— la eliminación de la perspectiva unidimensional en provecho de un espacio abierto, ampliado, que responde en cierto modo a los descubrimientos de la física moderna; la revalorización de la dimensión cotidiana, el continuo de lo humano, en sus manifestaciones aparentemente triviales y pedestres, incluyendo en esta apertura la palabra, el ruido ambiente, en lo que constituye la irrupción de la música concreta al servicio de la danza; el abandono del entablado clásico por superficies naturales como el césped, la tierra, hojas secas, flores, e incluso el agua, son parte del estilo que alcanza su más plena expresión en las obras de Pina Bausch”. (Rocca)
Es preciso decir que las obras de Pina Bausch no siguen una estructura narrativa ni una secuencia lineal. Se construyen más bien a partir de una serie de episodios, con variadas acciones escénicas simultáneas, imágenes impactantes, la utilización de las experiencias específicas de sus bailarines, de actividades cotidianas, de textos dirigidos a frecuentemente al público y de una gran variedad de músicas de todo el mundo, son elementos que llevan la marca personal de Bausch y que han marcado la pauta en la danza-teatro en Europa y el mundo.
Esto se evidencia en la película documental sobre su obra “Pina” del director Wim Wenders, donde uno de sus bailarines se refiere a su experiencia en relación con el método de Pina y recuerda que ella en una ocasión, les mencionó dos expresiones: “luna llena” y “alegría en movimiento”. Con estos elementos, el bailarín logró expresar lo que sentía corporalmente y esa escena tan cargada de emocionalidad, integró tiempo después, la pieza Vollmond (full moon, 2006). (Wenders, 2011)
La obra vanguardista de Bausch, se empodera de la creación de un nuevo lenguaje, no solo corporal, sino que integra múltiples elementos que interactúan y se complementan armoniosamente en sus espectáculos y que deja a los espectadores una multiplicidad de respuestas e interpretaciones posibles. En las creaciones de Bausch, las frases de movimiento se definen desde la interioridad del bailarín que exterioriza algo que complementará el público con sus respectivas lecturas, muy al contrario de lo que planteaban los postulados del Ballet Clásico, donde las frases coreográficas se definen según formas académicas ya establecidas y con un código alejado de lo emocional.
Por otra parte, cabe resaltar que, en las obras de Pina, tiene particular importancia, la palabra, los sonidos, los gritos, la gestualidad, el silencio prolongado, las risas, la respiración desesperada, etc. Una de sus temáticas recurrentes es sobre el género, pues era consciente de lo que generaba en el público. Enfrentamientos hipotéticos entre hombres y mujeres, donde se evidencian conflictos y donde se pone en tela de juicio las estructuras moralizantes con respecto a los roles de género. Para Bausch no existe relación con el ideal de belleza, de cuerpos o vestuarios. Su estilo tipo “collage” permite una fragmentación de elementos que introduce, no para que haya una línea narrativa, sino para ofrecer historias profundas de la vida misma y dar protagonismo a cada bailarín. Para lograr la heterogeneidad de sus obras, Pina recorre varias ciudades del mundo, como Roma, Madrid, Lisboa, Estambul, Hong Kong, entre otras, donde realizó residencias. Todas sus obras se realizan con la ayuda de bailarines de diferentes culturas. Un desbordamiento de gestos físicos y emocionales que la directora deconstruye para luego producir composiciones llenas de originalidad, ironía, crueldad y sobre todo, de una viva y cruda humanidad. También, cabe rescatar que la escenografía resulta ser para Pina de vital importancia:
“… en una entrevista aclaró que elabora los espectáculos con los escenógrafos a la par que con sus bailarines, los cuales podían ir en contra o a través de estos elementos. Durante los prolongados ensayos iban probando diferentes objetos para incorporar a las tablas según iban funcionando, tales como rocas, agua, piedras, flores, arena, sillas. En ocasiones los escenarios parecían estar al servicio de la limitación del movimiento, o de la incomodidad”. (Quiroga, 2012)
En la película se muestra el caso de la famosa Café Müller (1978), el escenario consiste en mesas y sillas que conforman una especie de taberna. La singularidad de Café Müller está, entre otras cosas, en el movimiento de dos mujeres que se desplazan con los ojos cerrados mientras que un hombre les va corriendo las sillas y mesas que aparecen como obstáculos. Pero la imposibilidad de ver les da a cambio esa búsqueda profunda tan característica del expresionismo. De ahí que se observe en sus rostros y movimientos las más angustiadas formas. En un segundo momento de esta obra, una de ellas se encuentra con un hombre y se abrazan entrañablemente, hasta que un tercero aparece para modificarles de posición; rápidamente ellos vuelven al abrazo como por el efecto de un imán, pero luego, el hombre los vuelve a la posición que originalmente deseaba. Ellos realizan desesperados movimientos en una cadena de repeticiones al ritmo de una entrecortada respiración. Así el hombre que los separa se muestra como quien domina a la pareja.
De otro lado, en Le Sacre du Printemps (1975) es donde más se evidencia la angustia y el miedo. Acompañado de la música de Igor Stravinsky, es monumental la fuerza de los bailarines sobre el escenario de arena. Hombres y mujeres representan una especie de rito de iniciación, donde se dividen los grupos por género, que luego estalla en una concentración de mezclas y variantes entrecruzadas y donde el único objeto que sobresale es una tela roja. Se ejecutan movimientos fuertes y repetitivos, ellas se golpean y en momentos prima el sonido de los golpes y jadeos sobre la música. Es una obra que avanza in crescendo, llenando de tensión, vivacidad y angustia al espectador.
Finalmente, este resulta ser un breve acercamiento a la obra magistral de Pina Bausch, quien recordaba a sus bailarines que en la debilidad se hallaba su fortaleza, de ahí que aparezcan en escena desnudando toda su viva y cruda humanidad. Indudablemente Pina nos deja una reflexión, y es a explorar y expresar a través de la danza y del cuerpo, el sentir humano en todas sus manifestaciones, desde la interioridad individual, y que se convierta en un acto que transgreda, que libere y transforme, que sea un acto que nos haga más humanos y nos permita realmente ser lo que somos: cuerpo, emoción y libertad.
REFERENTES
Brugger, I. (1961). Teatro alemán del siglo XX. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.
Falcoff, L. (2007). Dossier Los misterios de la creación. Revista Tiempo de Danza , 2: 19- 34.
Quiroga, A. (2012). El teatro danza de Pina Bausch. La plata, Argentina.: VIII Congreso Internacional Orbis Tertius de Teoría y Crítica Literaria.
Rocca, A. V. (s.f.). La danza teatro de Pina Bausch: Danza abstracta y Psicodrama analítico. Bibliodanza .
Wenders, W. (Dirección). (2011). Pina [Película].
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